Os dejo aquí la magnifica crónica de Juan de la salida a la Sierra de Partacúa. Una pena el que no pudieras completar la ruta completa por la lluvia, pero estoy seguro que os lo disfrutasteis mucho y lo pasasteis muy bien. Para otro día será.
La crónica:
La predicción meteorológica a lo largo de la semana no ha sido demasiado halagüeña, pero la hemos mirado con buenos ojos. La última lectura de ayer fue, en el peor de los casos, una probabilidad de lluvia del 65%, que tampoco es para tanto.
Seis y media de la mañana. Suena el despertador. Miro por la ventana. Algunas nubes, pero se ve el Sol. Desayuno, reviso presión de suspensiones y neumáticos (hoy calzaremos los de mojado
), me pongo el disfraz de ciclista, cargo “la roja” en el portabicis y salimos. Recojo a Javier, todo sobre el horario previsto. Tras unos pequeños ajustes de última hora, finalmente salimos a las ocho y media de Villanueva de Gállego.
El grupo se ha reducido. Nayra y David no han podido venir. Finalmente Beatriz abre la caravana, le sigue Javier S. y por último Javier y yo. La mañana es fresquita. Pasamos Huesca y el cielo sigue parcialmente nuboso. Pasamos por Argüís. El pantano está precioso, a rebosar. Siguen luciendo claros entre nubes. Después de Biescas la cosa empieza a pintar algo peor, caen las primeras gotas. Al llegar a Escarrilla ya llueve más en serio.
Aparcamos en el camping. Sigue lloviendo. Tomemos un café. Parece que ha parado de llover. Salimos al aparcamiento. Miramos al cielo. Está feo, pero no por donde tenemos que ir. Nos miramos y nos preguntamos ¿lo intentamos?. Claro que sí. Descargamos las bicis de los coches, casco, guantes, chubasqueros y … son las once y cuarto cuando arrancamos.
Comenzamos a subir. No llueve. Comenzamos por la carretera que sube a Sandiniés. Buena temperatura. Comienzan a oírse los primeros truenos. Pasado Sandiniés, nos desviamos por una pista amplia a la derecha. Seguimos ascendiendo. Javier S. se para. Mira al cielo. No tiene buena pinta. Vamos derechos hacia la tormenta. ¿Seguimos? Podemos intentarlo. No estamos demasiado lejos de nuestro origen. Continuamos hacia arriba. Comienza a llover. Y fuerte. El grupo está dividido en dos. Yo he salido con el cortavientos, así que Javier y yo paramos. Cambio el cortavientos por el chubasquero. Beatriz y Javier S. no nos alcanzan. Volvemos a bajar. Tras una curva Beatriz y Javier S. están refugiados bajo un pequeño árbol. El mismísimo Noé estaría encantado con la que está cayendo, pero nosotros no tenemos arca. Todos para abajo.
Comenzamos el descenso. Lo de los neumáticos de mojado era una broma, pero deberíamos haber puesto los de “lluvia extrema”. Llegamos de nuevo a Sandiniés. Tras una corta rampa que hemos subido como alma que lleva el diablo, hay un pequeño techado con unos bancos. Rápidamente nos refugiamos. Estamos empapados, aunque la sonrisa no se ha borrado de nuestras caras.
Si nos quedamos nos quedaremos helados, así que mejor será seguir hasta nuestro punto de partida. Nos quedan poco más de dos kilómetros de asfalto. Las gafas ya no sirven de mucho, los guantes están para escurrir y a 30 km/h, dejando espacio con el de delante para no comernos el “spray”, nos dirigimos de nuevo al camping.
Son las doce y cinco. Al fin estamos a cubierto. Ahora hay que secarse lo antes posible. Todo está empapado. Tan sólo ocho kilómetros y medio de los 34 previstos. Un pincho de tortilla y un refresco será el final perfecto para esta salida. Cargamos las bicis en los coches y … de vuelta a casa. Otro día será.
Las fotos de la salida: